Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

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—Si se tratara de unas fiebres violentas, no le despreciarías ni la mitad. Confiesa, Marianne, ¿no despiertan tu interés los pómulos enrojecidos, los ojos hundidos y el pulso rápido de un calenturiento?

Poco después de esto, cuando Elinor salió de la habitación, Marianne dijo:

—Mamá, hablando de enfermedades, me invade un temor que a ti no puedo ocultarte. Estoy segura de que Edward Ferrars no se encuentra bien. Llevamos aquí casi quince días, y todavía no ha venido a visitamos. Sólo una verdadera indisposición puede ser la causa de este retraso extraordinario. ¿Qué otra cosa puede retenerle en Norland?

—¿Tenías idea de que fuera a venir tan pronto? —preguntó la señora Dashwood—. Yo no. Al contrario, si he sentido la menor preocupación, ha sido al recordar que a veces mostraba cierta falta de entusiasmo y de disposición en aceptar mi invitación, cuando le hablaba de venir a Barton. ¿Le está ya esperando Elinor?

—Nunca le he hablado de eso, pero desde luego debe estar esperándole.

—Más vale, en mi opinión, que estés equivocada, porque cuando ayer le hablé de poner una parrilla nueva en la chimenea de la habitación de invitados, dijo que no corría ninguna prisa, ya que no era probable que hiciese falta durante una temporada.


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