Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
El protector de Marianne, como lo calificara Margaret, con más elegancia que precisión, se presentó a la mañana siguiente a primera hora con el objeto de interesarse personalmente por su salud. La señora Dashwood le recibió con algo más que cortesía: con una amabilidad fomentada por los informes de sir John y por su propia gratitud; y todo cuanto se dijo durante la visita contribuyó a confirmar al joven el buen juicio, la elegancia, el afecto mutuo y la paz hogareña de la familia a la que un accidente le había llevado a conocer. De sus personales encantos no tenía necesidad de un segundo encuentro para tener una total seguridad.
