Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento El disgusto del señor Dashwood fue, al principio, muy grande; pero era animoso y optimista por naturaleza, y podía abrigar esperanzas razonables de vivir muchos años, y de reunir, si vivía sin dispendio, una suma considerable a costa del rendimiento de unas tierras de por sí extensas, y susceptibles de mejoras casi inmediatas. Pero la fortuna, que tanto había tardado en llegarle, fue suya durante un solo año. No sobrevivió mucho tiempo a su tío; y diez mil libras, incluidos los últimos legados, fue todo lo que quedó para su viuda y sus hijas.
En cuanto se supo que su vida corría peligro, se mandó llamar a su hijo, y a él el señor Dashwood encomendó, con todo el apremio y vigor que la enfermedad podía permitir, el cuidado de su madrastra y hermanas.
El señor John Dashwood carecía del profundo sentir del resto de la familia; pero se sintió afectado por una encomienda de tal naturaleza y hecha en tales momentos, y prometió hacer cuanto estuviera en su mano para procurar a sus parientes una vida holgada. Su padre se quedó tranquilo ante una garantía así, y el señor John Dashwood tuvo luego tiempo de sobra para calcular cuánto podía estar prudentemente en su mano hacer por ellas.
