Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
Poco habían imaginado la señora Dashwood y sus hijas cuando llegaron a Devonshire que hubieran de tener, nada más ser presentadas, tantos compromisos, o que fuesen a recibir invitaciones tan frecuentes o visitantes tan tenaces; poco imaginaban que apenas les quedaría tiempo para ocupaciones importantes. Sin embargo, éste fue el caso. Cuando Marianne se restableció, los planes de diversión en casa y fuera de ella, que sir John había estado formando previamente, fueron llevados a la práctica. Empezaron entonces los bailes privados en la finca, y se organizaron y celebraron excursiones acuáticas tan a menudo como un lluvioso mes de octubre lo pudo permitir. De ninguna de esas reuniones estuvo excluido Willoughby; y la informal familiaridad en que naturalmente se desenvolvían tales fiestas fue escrupulosamente destinada a aumentar la intimidad de sus relaciones con las Dashwood, y a darle ocasión de contemplar las excelencias de Marianne, de afianzar su viva admiración por ella y de recibir, en la actitud con que era correspondido, la más inequívoca confirmación de sus afectos.
