Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¿No hace distinciones su hermana en sus objeciones a un segundo amor? ¿O es igualmente implacable con todo el mundo? Aquellos que han sufrido un desengaño en su primera elección, ya sea por la inconstancia de su objeto, o por lo torcido de las circunstancias, ¿están igualmente condenados a la indiferencia en lo que les queda de vida?
—La verdad es que no conozco tan a fondo sus principios. Sólo sé que aún no le he oÃdo decir que algún ejemplo de segundos amores sea perdonable.
—Esto —dijo él— no puede durar; pero un cambio, un cambio total de sentimientos… No, no; no lo quiera…, pues, cuando los refinamientos de un joven espÃritu se ven obligados a claudicar, ¡con qué frecuencia los siguen convicciones que son demasiado comunes, y demasiado peligrosas! Hablo por propia experiencia. Conocà una vez a una dama que en talante y espÃritu se parecÃa mucho a su hermana, que pensaba y juzgaba como ella, pero que por culpa de un cambio impuesto… por una serie de desafortunadas circunstancias…