La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —¡Ésta sà que es buena! ¡Voto a tal! ¡Se lo he pedido nada más llegar a la sala, y estaba a punto de volver a pedÃrselo; pero cuando me di la vuelta, usted ya no estaba! ¡Menuda mala pasada! Yo que no he venido aquà más que para bailar con usted. Y, desde luego, tengo el más firme convencimiento de que estaba comprometida conmigo desde el lunes. SÃ, me acuerdo que se lo pedà cuando esperaba en el vestÃbulo a que le dieran la capa. Le digo a todos mis amigos que voy a bailar con la muchacha más guapa de la sala y ¿ahora qué? Cuando la vean con otro, se burlarán de mà todo lo que quieran.
—Oh, no. Con una descripción como ésa, nunca pensarán que habla de mÃ.
—¡Cielo santo! Si no lo hacen, los echaré de aquà a puntapiés, por mentecatos. ¿Quién es ese tipo?
Catherine satisfizo su curiosidad.