La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Sea, tal es su definición del matrimonio y del baile. Desde ese punto de vista es cierto que su semejanza no es sorprendente, pero creo que se pueden ver desde otro punto de vista. Admitirá usted que en ambos corresponde al hombre el privilegio de escoger, y a la mujer, la facultad de rechazar; en ambos se trata de un compromiso aceptado por un hombre y una mujer, basado en la conveniencia de ambos, que cuando uno lo asume pasa a pertenecer exclusivamente al otro hasta el momento de su disolución; los dos miembros deben hacer lo posible por no dar al otro razones para desear haberse consagrado a otra persona, y su mayor interés radicará en impedir que sus propias imaginaciones vaguen hacia las virtudes de sus vecinos o les hagan pensar que hubieran salido mejor parados con cualquier otra persona. ¿Está dispuesta a admitir todo esto?
—SÃ, desde luego, tal como usted lo expone, todo suena muy bien, pero siguen siendo cosas muy distintas. No puedo mirarlas bajo la misma luz ni admitir que pesen sobre ellos las mismas obligaciones.