La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Más vale que regresemos, Thorpe. Es demasiado tarde para seguir y tu hermana piensa lo mismo que yo. Hemos tardado exactamente una hora en llegar aquà desde Pulteney Street, estamos a poco más de siete millas, y supongo que nos quedan todavÃa otras ocho de viaje. No nos dará tiempo de ningún modo. Hemos salido demasiado tarde. Será mejor que lo dejemos para otro dÃa y que demos media vuelta.
—A mà me es igual —respondió Thorpe, bastante irritado, e inmediatamente hizo girar al caballo para regresar a Bath.
»Si su hermano no tuviera ese jamelgo tan infame en su calesa —dijo poco después—, nos habrÃa dado tiempo de sobra. Con mi caballo habrÃamos entrado en Clifton a la hora prevista con sólo haberle dejado correr a su aire; yo casi me he roto el brazo para retenerle y llevarle a este paso de jamelgo reventado. Morland es tonto, mira que no tener un caballo y una calesa propios.
—No, no lo es —replicó Catherine con pasión—, porque estoy segura de que no podrÃa mantenerlos.
—¿Y por qué no?
—Porque no tiene el dinero necesario.
—¿Y quién tiene la culpa de eso?
—Nadie, que yo sepa.