La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger Tilney permaneció con ellos algún tiempo y estuvo tan encantador que Catherine no pudo menos de lamentar que se marchara. No obstante, antes de separarse, acordaron que el proyectado paseo se celebraría lo antes posible, y si dejamos a un lado el contratiempo de que el señor Tilney abandonara el palco, Catherine quedó convertida en una de las criaturas más dichosas del mundo.
Mientras conversaban, Catherine se había percatado con cierta sorpresa de que John Thorpe, que nunca permanecía en el mismo lugar de la sala durante más de diez minutos, mantenía una conversación con el general Tilney, y sintió algo más que sorpresa al percibir que era precisamente ella el objeto de su atención y comentario. ¿De qué estarían hablando? Tal vez al general Tilney no le había agradado su presencia, pues así parecía desprenderse del hecho de que le prohibiera ver a su hija en lugar de retrasar su paseo unos minutos.
—¿Cómo es que el señor Thorpe conoce a su padre? —preguntó inquieta Catherine señalándoselos a su acompañante. Él dijo no saber nada del asunto; pero su padre, como cualquier militar, tenía un amplio círculo de amistades.