La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger Cuando terminó el espectáculo, Thorpe se acercó a ellas para ayudarlas a salir, y Catherine fue inmediatamente objeto de sus galanterÃas. Mientras esperaban un coche en el vestÃbulo, Thorpe, al preguntarle en tono suficiente si le habÃa visto hablar con el general Tilney, le impidió que hiciera la pregunta que habÃa volado desde su corazón hasta la punta de la lengua.
—¡Es un tipo estupendo, vive Dios! —continuó—. Enérgico, activo… Parece tan joven como su hijo. Le tengo una gran consideración, se lo aseguro. Un buen tipo, un verdadero caballero donde los haya.
—Pero ¿cómo es que usted lo conoce?