La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger Catherine le deseó buen viaje. Sin dar muestras de haberla oÃdo, Thorpe se dirigió a la ventana y luego se puso a dar vueltas nervioso por la habitación, canturreando y, al parecer, completamente ensimismado.
—¿No llegará tarde a Devizes? —inquirió Catherine.
Él no dijo nada, pero tras un minuto de silencio, rompió a hablar.
—Menudo asunto este del casorio, ¡vaya que sÃ! Una idea inteligente la de Morland y Belle, caramba. ¿Qué piensa usted, señorita Morland? A mà no me parece mala idea.
—Claro que no, es muy buena idea.
—¿Ah, s� A eso yo lo llamo sinceridad, sà señor. Me alegro de que no sea usted enemiga del matrimonio. ¿Conoce usted esa canción que dice: «El que va de boda vuelve casado»? Por cierto, espero que irá usted a la boda de Belle…
—SÃ, he prometido a su hermana estar con ella, si me resulta posible.
—Entonces ¿qué? —dijo, moviendo el cuerpo sin mover los pies y lanzando una estúpida risa forzada—. PodrÃamos probar si es verdad esa cancioncilla, ¿eh?
—¿Nosotros? Pero si yo nunca canto… Bueno, le deseo un buen viaje. Hoy almuerzo con la señorita Tilney y tengo que irme a casa.