La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger Al terminar el primer baile, el capitán Tilney se les acercó de nuevo y, para gran desdicha de Catherine, se llevó a su hermano de un brazo. Se retiraron los dos cuchicheando, y aunque su delicadeza y sensatez impedÃan a Catherine alarmarse en seguida, le pareció un hecho evidente que el capitán Tilney habÃa escuchado alguna malévola descripción de ella que ahora se apresuraba a comunicar a su hermano, con la esperanza de separarles para siempre, y no pudo soportar ver cómo alejaban a su acompañante de su lado sin una sensación de inquietud. Su incertidumbre duró cinco minutos completos, y estaba empezando a pensar que era un cuarto de hora largo, cuando regresaron los dos y recibió una explicación al preguntarle Henry si creÃa que su amiga la señorita Thorpe tendrÃa reparo en bailar, pues su hermano estarÃa encantado de que se la presentaran. Sin vacilar un momento, Catherine replicó que estaba segurÃsima de que la señorita Thorpe no tenÃa intención alguna de bailar. La cruel respuesta fue transmitida al otro, que se marchó en seguida.
—Sé que a su hermano no le importará —dijo ella—, porque le he oÃdo decir que detestaba bailar. Pero ha sido muy amable de su parte pensar en ello. Supongo que vio a Isabella sentada y se imaginó que deseaba tener pareja, pero se equivoca; ella no quiere bailar por nada del mundo.
Henry sonrió y dijo: