La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger El cumplido que representaba el afecto de John Thorpe no disculpaba esa falta de consideración por parte de su hermana. Catherine estaba casi tan lejos de creer como de desear que fuese algo sincero; pues no había olvidado que Thorpe podía equivocarse, y el hecho de que afirmara haberle hecho insinuaciones y que ella le había dado esperanzas la convencían de que sus equivocaciones podían ser a veces tremebundas. Por consiguiente, la vanidad que aquello le reportaba era mucho menor que el asombro que le despertaba. Que él considerase que merecía la pena creerse enamorado de ella constituía un asunto que le producía asombro y admiración. Isabella hablaba de las atenciones que Thorpe había tenido con ella, pero Catherine ni se había enterado. Sí confiaba en que muchas de las cosas que había dicho Isabella hubieran estado motivadas por la precipitación y nunca las volviera a decir. Con estas cogitaciones se alegró de descansar del todo en paz y sosiego.