La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Bien, ahora debo hacer una mueca y luego me convertiré de nuevo en un ser racional.
Catherine apartó la cabeza a un lado sin saber si podÃa aventurarse a reÃr.
—Ya veo lo que piensa de mà —dijo él gravemente—. Menudo papelón haré mañana en su diario.
—¿En mi diario?
—SÃ, sé exactamente lo que dirá: «Viernes: Lower Rooms, llevé el vestido de muselina con adornos azules y los chapines negros; me quedaba todo muy bien. Estuvo importunándome un tipo raro y medio bobo que me hizo bailar con él y me sacó de quicio con sus tonterÃas».
—¡Pero cómo voy a escribir una cosa asÃ!
—¿Quiere que le sugiera lo que debe decir?
—No lo dude.
—«He bailado con un joven muy agradable que me ha presentado el señor King. TenÃa una conversación muy entretenida; parece una persona extraordinaria, un genio; me gustarÃa saber más sobre él». Eso es, señorita, lo que me gustarÃa que dijese.
—Pero acaso yo no escriba un diario.