La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Pues no, el comedor de los Allen no es ni la mitad de grande que éste —respondió con franqueza Catherine, y añadió que nunca habÃa visto una habitación tan grande en toda su vida. El buen humor del general aumentó.
—Bueno —dijo—, teniendo habitaciones asà de grandes serÃa una tonterÃa no usarlas; pero estoy seguro de que hay estancias que, siendo la mitad de grandes, son mucho más cómodas. Seguro que la casa del señor Allen tiene precisamente el tamaño necesario para vivir con un moderado bienestar.
La tarde transcurrió sin nuevos contratiempos y con auténtica alegrÃa durante la ocasional ausencia del general Tilney. Solamente con su presencia Catherine sentÃa la mÃnima fatiga causada por el viaje; e incluso entonces, en los momentos de decaimiento y reserva, experimentaba una sensación de felicidad que le permitÃa recordar a sus amigos de Bath sin desear por un instante volver con ellos.