La Abadía de Northanger

La Abadía de Northanger

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ésa es una respuesta taimada y profunda, sin duda; pero preferiría que reconociera sin ambages que no desea decírmelo.

—Bien. Entonces, lo admito.

—Gracias. Ahora intimaremos con más facilidad porque estoy autorizado a gastar bromas a cuenta de este asunto siempre que nos encontremos; y no hay cosa que favorezca tanto la intimidad.

Volvieron a bailar y, cuando terminó la fiesta, se despidieron en presencia de la señora Allen con el firme propósito de volver a verse. No podemos saber si ella pensó en él mientras se tomaba su ponche y se preparaba para acostarse, ni si soñó con él aquella noche, pero esperamos que no fuese más que un breve sueño o, como mucho, un ensueño matinal, ya que, si es cierto, como mantiene un conocido escritor[5], que una joven no tiene derecho a enamorarse antes de que el hombre le declare su amor, debe de ser muy poco decoroso que una joven sueñe con un hombre sin saber si él ha soñado previamente con ella. Del decoro del señor Tilney como soñador o como enamorado, el señor Allen no tenía el menor conocimiento, pero tras algunas averiguaciones concluyó que no se le podían hacer objeciones como amigo, pues al comienzo de la noche se había tomado la molestia de informarse sobre el acompañante de su invitada y le habían asegurado que el señor Tilney era clérigo, y de familia muy respetable de Gloucestershire.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker