La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Sé que eres demasiado buena para pensar mal de mà por el papel que me veo obligada a desempeñar. En efecto, soy mensajera contra mi voluntad. Después de lo que discutimos hace poco, de lo que acabábamos de decidir en cuanto a que continuaras aquà durante muchas, muchas semanas más… ¡y con qué alegrÃa y con qué agradecimiento por mi parte!… ¿Cómo decirte que rechazamos tu gentileza, que la felicidad que nos has proporcionado con tu compañÃa va a ser pagada con…? Pero debo desconfiar de las palabras. Mi querida Catherine, hemos de separarnos. Mi padre ha recordado un compromiso anterior que obligará a toda la familia a marcharse el lunes. Vamos a pasar dos semanas con lord Longtown, cerca de Hereford. No caben explicaciones como no caben disculpas. No puedo intentar ofrecerte ninguna de las dos cosas.
—Querida Eleanor —exclamó Catherine dominando sus sentimientos lo mejor que podÃa—, no te aflijas asÃ. Un compromiso anterior debe tener preferencia sobre el siguiente. Estoy apenadÃsima de que os marchéis tan pronto y tan de repente, pero no ofendida; de verdad que no. Puedo poner fin a mi visita en cualquier momento, pero espero que vengas a visitarme. ¿PodrÃas, cuando regreséis de casa de ese lord, venir a Fullerton?
—No estará en mi mano, Catherine.
—Bien, entonces, cuando puedas.