La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger Henry no se hallaba poco inclinado a obedecer su petición pues, aparte de que se sentía enormemente aliviado por aquella inesperada benignidad, no se encontraba en aquel momento en condiciones de decir nada en tal sentido. Así que, volviendo en silencio adonde estaba sentado, respondió durante algunos minutos y del modo más cortés a todas las acostumbradas observaciones que la señora Morland hacía sobre el clima y las carreteras. Entretanto, Catherine, la preocupada, agitada, alegre y febril Catherine, no decía una palabra, pero el color de sus mejillas y el brillo de sus ojos hacían confiar a su madre en que aquella amable visita tranquilizaría su corazón durante algún tiempo, de modo que la señora Morland guardó de buena gana el primer volumen de The Mirror para otra ocasión.