La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger La conversación que reproducimos a continuación, que tuvo lugar una mañana entre las dos amigas en el salón del balneario a los ocho o nueve días de haberse conocido, se ofrece como muestra de su intimísima amistad y de la delicadeza, discreción, originalidad de pensamiento y gusto literario que marcaban la sensatez de aquella relación.
Se encontraron a la hora fijada de antemano, y como Isabella había llegado casi cinco minutos antes que su amiga, lo primero que dijo fue lo siguiente, naturalmente:
—Hija mía, ¿qué es lo que te ha retrasado tanto? ¡Llevo esperándote desde hace siglos!
—¿De verdad? Lo siento muchísimo, pero no sé, creía que llegaba a la hora. Acaba de dar la una. Espero que no lleves mucho aquí.