La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Querida mÃa, cómo te lo agradezco; y cuando hayas terminado Udolpho leeremos juntas El italiano, y te he hecho una lista de otros diez o doce del mismo estilo.
—¿De veras? ¡Cómo me alegro! ¿Y cuáles son?
—Te voy a leer los tÃtulos ahora mismo; aquà los tienes, en mi libreta: El castillo de Wolfenbach, Clermont, La misteriosa advertencia, El nigromante del bosque negro, La campana de medianoche, El huérfano del Rin y Misterios horripilantes. Con ellos tendremos lectura para rato.
—SÃ, de sobra, pero ¿son todos horripilantes? ¿Estás segura de que son horripilantes?
—SÃ, completamente segura; una Ãntima amiga mÃa, la señorita Andrews, que es una chica encantadora, bueno, una de las criaturas más encantadoras del mundo, los ha leÃdo todos. Ojalá conocieras a la señorita Andrews; seguro que te fascinarÃa. Se está haciendo la esclavina más preciosa que puedas imaginarte. Pero además es hermosa como un ángel; yo me enfado muchÃsimo con los hombres porque no la admiran. Les riño a todos increÃblemente a causa de ello.
—¿Les regañas? ¡Les regañas porque no la admiran!