La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —SÃ, ése es el libro. Una historia tan poco creÃble. ¡Un viejo montando en un columpio! Empecé a hojear el primer volumen, pero noté en seguida que no me iba a gustar; en realidad, me di cuenta de lo que se trataba antes de verlo; en cuanto me enteré de que se habÃa casado con un emigrante, estuve seguro de que no podrÃa terminarlo.
—Yo no lo he leÃdo.
—No se ha perdido nada, se lo aseguro; son las tonterÃas más grandes que se pueda uno imaginar. En el libro no ocurre nada aparte de que un viejo se columpia y aprende latÃn; le doy mi palabra de que no ocurre nada.
Con esta crÃtica, cuya exactitud escapaba por desgracia a Catherine, llegaron a la puerta de la vivienda de la señorita Thorpe, y los sentimientos de este sagaz e imparcial lector de Camilla dieron paso a los del hijo cumplidor y afectuoso cuando se encontraron con la señora Thorpe, que desde arriba ya les habÃa visto entrar.
—Hola, madre. ¿Qué tal? —dijo dándole un enérgico apretón de manos—. ¿De dónde has sacado ese sombrero tan extravagante? Pareces una vieja bruja. Aquà está Morland, y venimos a quedarnos unos dÃas con vosotros, asà que consigue un par de buenas camas en algún sitio que esté cerca.