La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger A continuación, se intercambiaron preguntas y noticias referentes a los demás hermanos y hermanas, el estado de unos, el crecimiento de otros, así como diversos asuntos familiares, y siguieron hablando, con sólo una pequeña digresión por parte de James en alabanza de la señorita Thorpe, hasta que llegaron a Pulteney Street. El joven fue recibido allí con gran amabilidad por los Allen. El señor Allen le preguntó si se quedaba a comer con ellos, y su mujer, si adivinaba el precio de un manguito y una esclavina nuevos. Sin embargo, una cita concertada previamente en los Edgar Buildings le impidió aceptar la invitación del señor Allen, obligándole a marcharse a toda prisa tan pronto como hubo satisfecho las exigencias de la señora. Fijada con exactitud la hora en que los dos grupos se reunirían en la Sala Octogonal, Catherine quedó abandonada a las delicias que su excitada, agitada y asustada imaginación obtenía de las páginas de Udolpho, ajena por completo a las mundanas preocupaciones de vestirse y comer, incapaz de disipar los temores que en la señora Allen provocaba la tardanza de la modista y dedicando sólo un minuto de cada sesenta a pensar en lo contenta que se sentía de estar ya comprometida para la noche.