La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Perdone que me tome esta libertad, señorita Morland —dijo—, pero es que no encuentro a la señorita Thorpe, y su madre me ha dicho que seguramente usted no tendrÃa inconveniente en que esta joven se quede a su lado.
La señorita Hughes no podÃa haberse dirigido en toda la sala a persona más dispuesta a complacerla que Catherine. Las dos jóvenes fueron presentadas, expresando Catherine educadamente su satisfacción por ello y restando importancia, con la genuina delicadeza de una mente generosa, a la obligación que ello representaba. La señora Hughes, satisfecha de haber dejado en tan buenas manos a su joven pupila, regresó con sus amigas.