La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —¡Bobadas! ¿Cómo puede decir eso? Cuando los hombres quieren convencer con una argumentación, no se paran ante nada. Mi querida Catherine, apóyame, persuade a tu hermano de que es imposible del todo. Dile que se producirÃa un verdadero escándalo si me vieran hacer una cosa asÃ, ¿no es cierto?
—No, en absoluto; pero si crees que está mal, serÃa mejor que cambiaras de pareja.
—Ahà lo tiene —exclamó Isabella—. ¿No oye lo que ha dicho su hermana? Pero nada, no hace caso. Bueno, recuerde que no es culpa mÃa si ponemos a todas las ancianas de Bath en movimiento. Vamos, mi querida Catherine, por Dios, quédate a mi lado.
Y con esto los jóvenes se marcharon para volver a donde estaban. John Thorpe, entretanto, habÃa desaparecido, y Catherine, siempre deseosa de ofrecer al señor Tilney otra oportunidad de repetir la agradable invitación que tanto la habÃa halagado, se dirigió a donde estaban la señora Allen y la señora Thorpe con la mayor rapidez posible y la esperanza de encontrarlo todavÃa con ellas; esperanza que, al verse frustrada, llevó a Catherine a considerar sus aspiraciones muy poco razonables.
—Bueno, querida Catherine —dijo la señora Thorpe, impaciente por elogiar a su hijo—, espero que tu pareja haya resultado de tu agrado.
—Asà ha sido, señora.