La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Bueno, señorita Morland, supongo que nos toca levantarnos a bailar otra jiga…
—Oh, no. Se lo agradezco mucho, pero nuestros dos bailes han terminado, y, además, estoy cansada y no deseo bailar más.
—¿Ah, no? Entonces demos una vuelta para reÃmos de la gente. Venga conmigo y le mostraré los cuatro tipos más ridÃculos de la sala: mis hermanas pequeñas y sus parejas. He estado riéndome de ellos media hora.
Catherine volvió a ofrecer sus disculpas, asà que Thorpe tuvo que acabar por ir a reÃrse de sus hermanas él solo. El resto de la noche le pareció muy aburrido a Catherine; al señor Tilney lo apartaron de su grupo a la hora del té para que acompañara a su pareja. La señorita Tilney, aunque pertenecÃa al suyo, no se sentó con Catherine, y James e Isabella estaban tan ocupados conversando entre sÃ, que su amiga no tuvo tiempo de dispensarle más que una sonrisa, un apretón y un «queridÃsima Catherine».