La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger a caminar a la joven idea».
De Shakespeare fue de quien obtuvo más información; entre otras cosas aprendió que:
«Aunque leves como el aire, las pequeñeces
son para el celoso tan gran confirmación
como las mismas Sagradas Escrituras».
Que:
«Ese pobre escarabajo que pisamos
sufre tan gran punzada
como el gigante que agoniza».
Y que una joven enamorada se asemejará siempre
«al monumento a la Paciencia
que sonríe a la Amargura».