La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —¿Y no tiene ningún hijo?
—No… ninguno…
—¡Menuda bicoca para sus herederos más próximos! Es padrino suyo, ¿no?
—¿Padrino mÃo? No.
—Pero usted está siempre con ellos.
—SÃ, a menudo.
—Bueno, pues eso es lo que querÃa decir. Parece un tipo estupendo y debió de vivir como un rey en sus tiempos. Si padece gota, por algo será. ¿Se sigue bebiendo su botella diaria?
—¿Una botella diaria? No. ¿Cómo se le ocurre pensar semejante cosa? Es hombre muy morigerado. ¿Acaso le vio beber anoche?
—¡Que Dios la ampare! Las mujeres siempre piensan que los hombres son esclavos de la bebida. ¿Por qué suponen que un hombre sufre molestias por una botella? De una cosa estoy seguro: si todo el mundo se bebiera una botella diaria no habrÃa en el mundo ni la mitad de trastornos de los que hay. SerÃa fantástico para todos.
—No lo creo.
—¡Dios mÃo, serÃa la salvación para millares de personas! En este paÃs no consumimos ni la centésima parte del vino que deberÃamos. Nuestro clima brumoso necesita una ayuda.