La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Pues yo he oÃdo decir que en Oxford se bebe mucho vino.
—¿En Oxford? Ahora en Oxford no bebe nadie, se lo aseguro. Nadie bebe. Le costarÃa encontrar a un hombre que consuma más de cuatro pintas, a lo sumo. Sin ir más lejos, a todo el mundo le pareció insólito que en la última fiesta que hicimos en mi habitación se bebiera un promedio de unas cinco pintas por cabeza. Todo el mundo lo consideró algo fuera de lo normal. Mis fiestas son las mejores, desde luego. No se encuentra a menudo nada semejante en Oxford… y eso puede ser una explicación. Pero esto es para darle una idea aproximada de lo que se suele beber allÃ.
—SÃ, me da una idea aproximada —dijo Catherine no sin entusiasmo—. Beben ustedes mucho más de lo que pensaba. Sin embargo, estoy segura de que James no bebe tanto.
Esta afirmación dio lugar a una estrepitosa y abrumadora reacción de la que apenas se entendió nada aparte de las exclamaciones, que casi parecÃan juramentos, que la adornaban, al terminar la cual Catherine quedó con la convicción de que en Oxford se consumÃa mucho vino y el convencimiento feliz que ya tenÃa de la relativa sobriedad de su hermano.