La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —¡Qué bien baila su hermano! —exclamó Catherine con ingenuidad hacia el final de la conversación. Esto sorprendió e hizo gracia en seguida a su interlocutora.
—¿Henry? —replicó con una sonrisa—. SÃ, baila muy bien.
—La otra noche, cuando me vio en el salón de baile, debió de extrañarse mucho al verme sentada y decirle yo que tenÃa un compromiso. Pero era cierto: habÃa estado comprometida todo el dÃa con el señor Thorpe.
La señorita Tilney no pudo hacer más que una leve inclinación de cabeza.
—No se puede imaginar —prosiguió Catherine tras un momento de silencio— lo que me sorprendió volver a verlo. Estaba segurÃsima de que se habÃa marchado.
—Cuando Henry tuvo el placer de conocerla, habÃa venido a Bath a pasar sólo un par de dÃas. Vino únicamente a reservar el alojamiento para nosotros.
—Claro, eso no se me ocurrió; y, al no verlo por ningún lado, pensé que se debÃa de haber marchado. La joven con la que bailó el lunes, ¿no era una tal señorita Smith?
—SÃ, una conocida de la señora Hughes.
—Imagino que estarÃa contentÃsima de bailar. ¿Cree usted que es bonita?
—No mucho.
—Su hermano nunca viene al salón del balneario, ¿verdad?