Los Watson
Los Watson —Ya hemos llegado —dijo Elizabeth, cuando el carruaje dejó de moverse—. Sanas y salvas, y por lo que marca el reloj del mercado sólo hemos tardado treinta y cinco minutos, lo que no está nada mal, aunque a Penélope le parecerÃa que no tiene ningún mérito. ¿Verdad que es una ciudad muy bonita? Los Edwards tienen una mansión imponente, como puedes ver, y viven a lo grande. Verás cómo nos abre la puerta un criado con librea y el pelo empolvado.
Emma sólo habÃa visto a los Edwards una mañana en Stanton, asà que para ella eran prácticamente desconocidos y, aunque su espÃritu no era en absoluto indiferente a los placeres que se preveÃan aquella noche, se sintió algo incómoda al pensar en los prolegómenos. Además, la conversación con Elizabeth, que le habÃa dejado una sensación desagradable con respecto a su familia, la habÃa vuelto más sensible y habÃa incrementado su desasosiego por tener que intimar con personas a las que apenas conocÃa.