Los Watson
Los Watson —¡Hasta tan tarde, querida! ¿De qué estás hablando? —exclamó el marido, con firme jovialidad—. Siempre volvemos a casa antes de medianoche. En el castillo de Osborne se reirÃan si te oyeran decir eso. A esa hora ellos apenas acaban de terminar de cenar.
—Eso no tiene nada que ver —replicó su mujer, sin perder la calma—. Los Osborne no se rigen por los mismos criterios que nosotros. HarÃais mejor en reuniros todas las noches y terminar dos horas antes.
La discusión habÃa llegado muchas veces hasta ese punto, pero el Sr. y la Sra. Edwards eran lo bastante inteligentes para no ir más allá, de modo que el Sr. Edwards cambió de tema. HabÃa vivido el tiempo suficiente en esa pequeña y ociosa ciudad para volverse un poco chismoso y, ansioso por conocer más detalles de la joven invitada que acababa de llegar a su casa, dijo:
—Emma, creo recordar muy bien a vuestra tÃa. Estoy seguro de haber bailado con ella en los viejos salones de Bath hará unos treinta años. Fue un año antes de casarme; era una mujer muy refinada, pero supongo que, como el resto de nosotros, habrá envejecido desde entonces. Espero que sea feliz en su segundo matrimonio.
—Yo también lo deseo —dijo Emma, algo turbada.
—El Sr. Turner se murió no hace mucho, ¿verdad?