Los Watson
Los Watson —Entonces el caballero con el que nos hemos cruzado en el pasillo era el Sr. Musgrave, ¿verdad? Tengo entendido que muchos lo consideran encantador.
La Srta. Edwards respondió, vacilando:
—SÃ, hay muchos que asà lo creen, pero nosotros no lo conocemos demasiado.
—Es muy rico, ¿verdad?
—Creo que tiene una renta de ocho o nueve mil libras al año. La heredó cuando era muy joven, y mis padres creen que eso lo ha vuelto más inestable. No es su favorito, que digamos.
El aspecto frÃo y desierto del salón y el aire recatado del pequeño grupo de mujeres situadas al fondo pronto dio paso al brioso ruido de los carruajes. Una tras otra, empezaron a llegar jóvenes vestidas con gran elegancia (acompañadas de las respectivas señoras de compañÃa), seguidas de algún que otro caballero que, de no estar lo bastante enamorado para acercarse a alguna de esas hermosas criaturas, parecÃa encantado de escapar al salón de juego.