Los Watson
Los Watson Al término de esos bailes Emma se percató de que iban a servir el té. La Srta. Edwards le indicó que no se alejara, como si fuera muy importante para ella tenerla cerca cuando pasaran al salón de té, así que Emma estuvo atenta para encontrarle un lugar apropiado. Para los invitados siempre era un placer disfrutar de un poco de bullicio y alboroto al levantarse a por un refresco. El salón de té era una pequeña estancia dentro del salón de juego y, al atravesar este último entre el estrecho espacio que dejaban las mesas, la Sra. Edwards y sus acompañantes quedaron bloqueados por unos instantes. Cerca de la mesa de juego de lady Osborne ocurrió lo siguiente: el Sr. Howard, que iba con el grupo, estaba hablando con su sobrino y Emma, al darse cuenta de que tanto él como lady Osborne la estaban observando, desvió la mirada para que no pareciera que había oído al niño exclamar entusiasmado:
—¡Tío, mira mi pareja! ¿A que es muy guapa?
Pero, al ponerse nuevamente en movimiento, Charles recibió orden de apresurarse, y no tuvo tiempo de obtener una respuesta de su tío. Al entrar en el salón de té, en el que se habían dispuesto dos largas mesas, pudieron ver a lord Osborne sentado sólo al final de una de ellas, como alejándose lo más posible del baile para entregarse a sus pensamientos y bostezar a su antojo. Charles lo señaló rápidamente, mientras decía a Emma: