Los Watson
Los Watson La serena reverencia con que respondió Emma debió de sorprender a Tom Musgrave por parecerle muy distinta de las alentadoras efusiones que solían prodigarle sus hermanas, y probablemente le hizo dudar por primera vez de su poder de seducción y desear que ella mostrara más interés por él. Entonces volvió a sonar la música y la Srta. Carr urgió a los invitados a que se pusieran en pie. Tom Musgrave vio satisfecha su curiosidad al ver al Sr. Howard avanzar y tomar de la mano a Emma.
—Eso también servirá a mis intereses —fue el comentario de lord Osborne cuando su amigo le llevó la noticia.
Y se pasó los dos bailes pegado a Howard. Sus continuas apariciones fueron lo único desagradable para Emma y la única objeción que pudo hacer al Sr. Howard, quien resultó ser tan agradable como aparentaba. Aunque hablara de los temas más manidos, se expresaba con tal cordura y sencillez que los hacía parecer interesantes, y Emma sólo lamentó que no hubiera sido capaz de enseñar a su alumno unos modales tan impecables como los suyos. Los dos bailes se le pasaron volando, y eso mismo le dijo su pareja. Cuando terminaron, los Osborne y su séquito se pusieron en marcha.
—Por fin nos vamos —dijo lord Osborne a Tom.
—¿Cuánto tiempo vais a quedaros en este lugar celestial? ¿Hasta el amanecer?