Los Watson
Los Watson Emma y la Sra. Blake se despidieron como viejas amigas, y Charles le estrechó la mano y le dijo adiós al menos doce veces. La Srta. Osborne y la Srta. Carr le hicieron una rápida reverencia al pasar junto a ella, y hasta lady Osborne le lanzó una mirada complacida. Cuando los demás hubieron salido de la habitación, lord Osborne regresó y, rogándole que «le disculpara», se puso a buscar en el banco junto a la ventana, detrás de ella, los guantes que llevaba claramente en la mano. Puesto que nadie volvió a ver a Tom Musgrave, podemos suponer que llevó a cabo su plan e imaginarlo triste y solo, mortificándose con su ración de ostras, o ayudando gustosamente a la patrona a preparar más ponche para los alegres bailarines del piso de arriba. Emma no pudo evitar echar en falta al grupo que la había distinguido, aunque no siempre de forma agradable. Las dos piezas que siguieron y con las que concluyó el baile resultaron bastante insulsas en comparación con el resto. Fueron de los últimos en retirarse, pues el Sr. Edwards había sido afortunado en el juego.
—Bueno, ya estamos de vuelta —dijo Emma con tristeza al entrar en el comedor de los Edwards, donde había una mesa preparada y una impecable doncella encendía las velas.
—Mi querida Srta. Edwards, ¡qué pronto se ha acabado! Me gustaría que todo volviera a empezar.