Los Watson
Los Watson Era evidente que había disfrutado mucho de la velada, y el Sr. Edwards fue tan efusivo como ella al elogiar el esplendor, la brillantez y la animación de la fiesta, aunque, puesto que él no se había movido de la misma mesa en el mismo cuarto, y apenas había cambiado una vez de silla, su opinión pudiera parecer poco fundada. Pero había ganado cuatro partidas de cinco, y todo había resultado bien. Su hija se vio favorecida por el buen humor de su padre en el curso de la conversación que siguió a la tan deseada sopa.
—Mary, ¿cómo es que no bailaste con ninguno de los Tomlinson? —preguntó su madre.
—Tenía comprometido el baile cuando me lo pidieron.
—Pensaba que bailarías los dos últimos con el Sr. James. La Sra. Tomlinson me dijo que iba a pedírtelo, y me pareció oírte decir dos minutos antes que no los tenías comprometidos.
—Sí, pero hubo un error. Había entendido mal. No sabía que los había comprometido. Pensaba que había concedido los dos siguientes, si por entonces no nos habíamos ido, pero el capitán Hunter me aseguró que le había prometido justo esos dos.
—Así que terminaste bailando con el capitán Hunter, ¿no? —dijo su padre—. ¿Y con quién empezaste?