Los Watson
Los Watson —Hiciste muy bien, aunque me maravilla tu entereza; no creo que yo hubiera actuado como tú. ParecÃa tan ansioso por traerte que no pude decirle que no, aunque me disgustaba dejaros a solas, conociendo sus mañas. Pero tenÃa tantas ganas de verte que me pareció una buena manera de que te trajeran a casa. Además, de nada sirve ser muy amable. Nadie habrÃa pensado que los Edwards te dejarÃan utilizar su carruaje después de sacar los caballos la noche anterior. Pero, dime, ¿qué debo decir a Sam?
—Si te fÃas de mi opinión, no le animes a pensar en la Srta. Edwards. Tiene al padre decididamente en su contra, la madre no le muestra ningún favor y dudo que Mary se interese por él. Bailó dos veces con el capitán Hunter, y creo que le muestra todo el favor que le permiten su temperamento y condición. Mencionó una vez a Sam, y algo turbada, es cierto, pero puede que se debiera únicamente a que sabe lo que siente por ella, pues es muy probable que esté enterada.
—¡Oh, sÃ, querida! Nos lo ha oÃdo decir en más de una ocasión. ¡Pobre Sam! Tiene tan poca suerte como otros muchos. No puedo evitar sufrir por los desafortunados en amores. Pero, vamos, cuéntame todo lo que pasó.
Emma obedeció, y Elizabeth la escuchó sin apenas interrumpirla hasta que le oyó decir que habÃa bailado con el Sr. Howard.