Los Watson
Los Watson —¿Y qué habéis cenado, padre? —preguntó su hija mayor.
El Sr. Watson les relató los diferentes platos y lo que él habÃa comido.
—En términos generales he pasado un dÃa muy agradable —añadió—. Mis viejos amigos se sorprendieron bastante al verme, y he de decir que todo el mundo se interesó mucho por mà y pareció compadecerse de verme tan inválido. Me buscaron un asiento cerca de la chimenea y, como las perdices estaban algo picantes, el Dr. Richards hizo que se las llevaran al otro extremo de la mesa «para que no molestaran al Sr. Watson», lo que me pareció un detalle por su parte. Pero lo que más me agradó fue el interés que se tomó el Sr. Howard. Hay un tramo de escaleras bastante empinado hasta el salón que resulta un problema para mi gota, y el Sr. Howard me ofreció el brazo y me ayudó a subirlo. Me sorprendió tanta gentileza en alguien tan joven, y lo cierto es que no me la esperaba, pues no lo habÃa visto en mi vida. Por cierto, me preguntó por una de mis hijas, pero ignoro a cuál se referÃa. Supongo que vosotras lo sabréis.