Los Watson
Los Watson —Me parece maravilloso —dijo— que todo transcurra en paz y buen humor. Nadie sabe cuánto odio discutir. Y aquÃ, a pesar de que sólo quedaba un poco de carne, ¡qué bien me ha parecido todo! Ojalá los demás se contentaran tan fácilmente como tú, pero la pobre Margaret es muy irritable y Penélope reconoce que prefiere una discusión al silencio.
El Sr. Watson volvió por la noche sin acusar el esfuerzo de la jornada y, por consiguiente, contento de lo que habÃa hecho y con ganas de contarlo en torno a la chimenea. Emma no habÃa supuesto que se sentirÃa particularmente interesada por ninguno de los detalles de su visita, pero cuando oyó que el Sr. Howard se encargó de decir la homilÃa y que habÃa pronunciado un sermón excelente, no pudo evitar escuchar con más atención.
—No recuerdo haber oÃdo un sermón más juicioso ni mejor expresado —prosiguió el Sr. Watson—. El Sr. Howard lee con extraordinaria corrección y de un modo que impresiona, sin aspavientos ni gestos teatrales. Reconozco que no soy partidario de demasiada acción en el púlpito. No me gustan la afectación ni el tono artificial que suelen adoptar vuestros predicadores más populares y admirados. Una oratoria sencilla inspira mucha más devoción y revela mejor gusto. El Sr. Howard lee como un erudito y un caballero.