Los Watson
Los Watson Él mismo parecÃa incómodo cuando, al ser presentado por su desenvuelto y locuaz amigo, murmuró algo acerca de que serÃa para él un honor saludar al Sr. Watson. Aunque Emma no podÃa sino considerar que el honor de la visita tenÃa que ver con ella, estaba lejos de alegrarse. PercibÃa el contraste entre un personaje como aquél y el humilde estilo de vida que se veÃan obligados a llevar y, estando acostumbrada en casa de su tÃa a muchos lujos, era muy consciente de todo lo que en su casa familiar debÃa de resultar ridÃculo a gente más pudiente. Elizabeth era ajena a tales tribulaciones. Su mente más simple o su mayor sensatez le evitaban esa mortificación y, aunque encogida por un sentimiento de inferioridad, no sintió especial vergüenza. El Sr. Watson, como los caballeros ya habÃan sido informados por Nanny, no se hallaba en condiciones de bajar. Dando muestras de preocupación por él, tomaron asiento; lord Osborne cerca de Emma y el Sr. Musgrave, muy pagado de sà mismo, al otro lado de la chimenea, junto a Elizabeth. No es que a lord Osborne le costara entablar conversación, pero tras haber dicho que esperaba que Emma no hubiese cogido frÃo en el baile, no supo qué más añadir y sólo pudo regalarse la vista lanzando alguna que otra mirada a su bella acompañante. Emma no estaba dispuesta a hacer demasiados esfuerzos por entretenerle y, después de mucho pensar, lord Osborne comentó que hacÃa un dÃa estupendo, y añadió: