Los Watson
Los Watson Andaba ocupado en tales entretenimientos cuando el reloj dio las nueve y, al ver que Nanny entraba con un tazón de gachas para su amo, dijo cortésmente al Sr. Watson que le dejaría cenar mientras él se iba a casa a hacer lo propio. Ordenó que le trajeran el carruaje a la puerta, y las muchas súplicas para que se quedara no lograron convencerle, pues sabía que si lo hacía tendría que sentarse a cenar en menos de diez minutos, lo que era insoportable para alguien obsesionado con llamar «almuerzo» a su siguiente comida. Viéndolo tan resuelto a irse, Margaret se puso a hacer guiños y señas a Elizabeth para que lo invitara a cenar al día siguiente, y ésta, incapaz de resistirse a unos planes que cuadraban con su temperamento sociable y hospitalario, así lo hizo.
—Estaríamos encantadas si pudierais reuniros con Robert —dijo.
—Será un placer —respondió al instante Tom. Y añadió—: Es decir, si logro llegar a tiempo, porque mañana saldré a cazar con lord Osborne y no puedo comprometerme. Por si acaso no me esperéis.
Y se marchó, encantado de dejarlos en aquella incertidumbre.
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