Mansfield Park
Mansfield Park —SÃ, menos cuando se refiere a la brevedad de las cartas que le escribe. Casi me hizo reÃr; pero no puedo tener muy alto el amor o la amabilidad de un hermano que no se digna escribir a sus hermanas nada que merezca la pena leer cuando está lejos de ellas. Estoy segura de que William no me harÃa jamás una cosa asÃ. ¿Y qué derecho tiene ella a suponer que tú no escribirÃas largas cartas si estuvieras ausente?
—El derecho, Fanny, de un espÃritu jovial que aprovecha cualquier cosa que pueda contribuir a su propia diversión o a la de los demás; es perfectamente admisible, cuando no va teñido de malhumor o de rudeza; y no hay la menor sombra de lo uno ni lo otro en las palabras o la actitud de la señorita Crawford: no hay nada hiriente, destemplado ni grosero. Es totalmente femenina, salvo en los casos de los que hemos hablado. Ahà no tiene justificación. Y me alegro de que lo hayas visto como yo.
Dado que habÃa modelado su espÃritu y se habÃa ganado su afecto, era muy probable que Fanny pensase como él; aunque a esta edad, y en estas cuestiones, empezaba a haber cierto peligro de discrepancia. Porque él admiraba a la señorita Crawford, y eso podÃa llevarle a un terreno al que Fanny no le podÃa seguir.