Mansfield Park
Mansfield Park —Si Fanny hiciese ejercicio con más regularidad, no se cansarÃa tan pronto. Hace tiempo que no monta a caballo, y estoy convencida de que si no monta deberÃa andar. Si hubiera estado cabalgando antes, no se lo habrÃa pedido. Pero pensé que le vendrÃa bien, después de estar entre las rosas; porque nada refresca más que un paseo después de un trabajo de ese género; y aunque el sol era fuerte, no hacÃa demasiado calor. Entre nosotros, Edmund —señalando significativamente con la cabeza a su madre—; ha sido el estar cortando rosas, y entreteniéndose en la rosaleda, lo que le ha sentado mal.
—Me temo que ha sido eso, desde luego —dijo la cándida lady Bertram, que la habÃa oÃdo—; mucho me temo que cogió dolor de cabeza allÃ, porque el calor era como para matar a cualquiera. Era más de lo que yo podÃa resistir. Estar sentada llamando a mi perrita para hacerla salir de los macizos ha sido casi demasiado para mÃ.
Edmund no dijo nada más a las dos damas; pero fue en silencio a otra mesa, en la que aún estaba la bandeja de la cena, llevó una copa de madeira a Fanny, y la obligó a bebérsela casi toda. Ella hubiera querido rechazarla; pero las lágrimas que le originaban una diversidad de sentimientos hicieron que le resultara más fácil tragar que hablar.