Mansfield Park
Mansfield Park El camino discurría por un paisaje agradable; y Fanny, cuyos paseos a caballo nunca habían sido largos, no tardó en quedarse absorta, observando feliz todo lo que era novedad para ella, y admirando todas las cosas bonitas. No la invitaban a menudo a sumarse a la conversación de las otras, ni ella lo deseaba. Normalmente, sus mejores compañeros eran sus propios pensamientos y reflexiones; y contemplando la configuración del paisaje, los cambios de los caminos, la diferencia de las tierras, el estado de las cosechas, las casas, los ganados, los niños, encontraba una distracción que sólo habría podido ser mayor si hubiera podido hablar con Edmund de lo que sentía. Ése era el único punto de semejanza entre ella y la dama que iba sentada a su lado; en todo, excepto en el caso a Edmund, la señorita Crawford era muy diferente: carecía en absoluto de la delicadeza de gusto, espíritu o sentimientos de Fanny; miraba la naturaleza, la naturaleza inanimada, sin fijarse; toda su atención estaba puesta en los hombres y las mujeres, en sus aptitudes para la alegría y el buen humor. Sin embargo, mirando hacia atrás para ver a Edmund cuando iba a cierta distancia, o cuando se adelantaba en la subida de alguna cuesta empinada, estaban unidas; y un «ahí está» brotó al mismo tiempo de las dos, más de una vez.