Mansfield Park
Mansfield Park —¿Qué otra cosa ha estado gorroneando? —dijo Maria medio complacida de que Sotherton fuera tan elogiado.
—¿Gorronear, cariño? No son más que cuatro de esos hermosos huevos de faisán que la señora Whitaker me ha obligado a aceptar; no ha querido admitir una negativa. Ha dicho que serÃa una distracción para mÃ, al saber que vivo sola, tener algún animalito de esa clase; y te aseguro que lo será. Le diré a la lechera que se los ponga a la primera gallina clueca; y si salen, me los llevaré a mi casa y pediré prestada una jaula; será una delicia cuidarlos en mis horas de soledad. Y con un poco de suerte, vuestra madre tendrá también.
Era una noche hermosa, suave, tranquila, y el trayecto fue todo lo agradable que pudo hacerlo la serenidad de la naturaleza; pero cuando la señora Norris dejó de hablar, el viaje fue totalmente silencioso para los de dentro. TenÃan, en general, el ánimo agotado, y casi todos iban tratando de determinar si el dÃa les habÃa proporcionado más placer o dolor.