Mansfield Park
Mansfield Park —Bueno, sin duda es muy sincero al preferir unos ingresos ya previstos a la preocupación de trabajar para ganárselos; y tiene la mejor de las intenciones al pretender no hacer nada el resto de sus dÃas salvo comer, beber y engordar. En realidad, señor Bertram, es indolencia. Indolencia y amor a la comodidad… una loable carencia total de ambición, de gusto por la buena compañÃa o de inclinación a esforzarse por ser agradable, lo que empuja a los hombres al sacerdocio. Un sacerdote no tiene otra cosa que hacer que ser desaseado y egoÃsta: leer el periódico, mirar el tiempo y regañar con su mujer. Su coadjutor se encarga de todo, y la ocupación de su vida es comer.
—Sin duda hay sacerdotes asÃ; pero creo que no abundan tanto como para justificar que la señorita Crawford los considere la regla general. Sospecho que al hacer esta censura global y superficial no está juzgando por sà misma, sino según el punto de vista de las personas cuyas opiniones sesgadas escuchaba a diario. Es imposible que haya llegado a un gran conocimiento del clero a través de su observación personal. Ha debido de conocer personalmente a muy pocos de los que condena de manera tan tajante. Habla como se hablaba en la mesa de su tÃo.