Mansfield Park
Mansfield Park Fanny estuvo de acuerdo, y vio con placer que Edmund se quedaba en el ventanal con ella, a pesar del esperado coro; y que a continuación dirigÃa los ojos, como ella, hacia el escenario de fuera, donde todo era solemne, sedante y hermoso bajo el esplendor de una noche serena y el contraste de la sombra profunda del bosque. Fanny habló de sus sentimientos:
—¡Aquà hay armonÃa! —dijo—. ¡Hay serenidad! ¡Hay eso que deja atrás a la pintura y a la música, y sólo la poesÃa es capaz de reflejar! ¡Aquà hay lo que puede apaciguar las tribulaciones, y elevar el corazón al arrobamiento! Cuando contemplo una noche como ésta, siento como si no hubiera maldad ni sufrimiento en el mundo; y desde luego, habrÃa mucho menos de lo uno y lo otro si se prestase más atención a la sublimidad de la naturaleza, y la gente saliese más de sà misma contemplando un paisaje asÃ.
—Me encanta oÃr tu entusiasmo, Fanny. Es una noche bellÃsima, y son dignos de compasión aquéllos a los que no se les ha enseñado a sentir un poco de lo que tú sientes… aquéllos a los que no se les ha inculcado el gusto por la naturaleza desde temprana edad. Es mucho lo que se pierden.
—Tú eres quien me ha enseñado a pensar y a sentir estas cosas, primo.
—He tenido una alumna muy dispuesta. Allà se ve Arturo, muy brillante.