Mansfield Park
Mansfield Park —Creo, señora —dijo la señora Norris con los ojos puestos en el señor Rushworth y Maria, que formaban pareja por segunda vez—, que vamos a volver a ver caras alegres.
—Es cierto, señora —replicó la otra con afectada sonrisa—, va a ser una satisfacción mirar ahora; creo que ha sido una lástima que hayan tenido que separarse. A los jóvenes en su situación habrÃa que excusarles de cumplir con las fórmulas rutinarias. Me extraña que mi hijo no lo haya propuesto.
—Tal vez lo ha hecho, señora. El señor Rushworth no es corto. Pero nuestra querida Maria tiene un sentido tan estricto de lo que está bien, y un tacto tan exquisito del que rara vez se encuentra hoy en dÃa, señora Rushworth, que desea evitar llamar la atención. Querida señora, mÃrele la cara en este momento; ¡qué diferencia de como la tenÃa en los dos últimos bailes!
Efectivamente, la señorita Bertram parecÃa radiante de felicidad, sus ojos centelleaban de placer, y hablaba con gran animación, porque Julia y su pareja, el señor Crawford, estaban al lado de ella; estaban los cuatro apiñados. Fanny no recordaba su anterior expresión porque, por su parte, habÃa estado bailando con Edmund, y no habÃa pensado en ella.
La señora Norris prosiguió: