Mansfield Park
Mansfield Park —Es delicioso, señora, ver a los jóvenes tan completamente felices, ¡tan bien emparejados y con tanto acierto! No puedo por menos de pensar en la dicha de sir Thomas. ¿Y qué me dice de la posibilidad de que haya otro emparejamiento? El señor Rushworth ha dado buen ejemplo, y estas cosas son muy contagiosas.
La señora Rushworth, que no veía más que a su hijo, no supo qué decir.
—Los dos de allá, señora. ¿No ve usted síntomas allí?
—¡Válgame Dios, la señorita Julia y el señor Crawford! Sí, en efecto, una pareja preciosa. ¿Qué renta tiene él?
—Cuatro mil al año.
—Muy bien… El que no tiene más debe de conformarse con lo suyo. Cuatro mil al año es una bonita fortuna; y parece un joven muy distinguido y formal; espero que la señorita Julia sea muy feliz.
—Todavía no hay nada serio, señora. Sólo lo hablamos entre nosotras. Pero no me cabe duda de que lo habrá. Él cada vez se muestra más solícito en sus atenciones.