Mansfield Park
Mansfield Park «Sà que fue una mala suerte, caramba», y: «Creo que merecen ustedes toda la compasión», fueron las reacciones de simpatÃa de los oyentes.
—No merece la pena lamentarse; pero desde luego, no pudo morirse la pobre anciana en momento más inoportuno. Uno no puede evitar desear que se hubiera retenido la noticia los tres dÃas que necesitábamos. No eran más que tres dÃas; y puesto que sólo se trataba de una abuela y habÃa fallecido a trescientos kilómetros, creo que no habrÃa pasado nada. Sé que se sugirió; pero lord Ravenshaw, que me parece uno de los hombres más correctos de Inglaterra, no quiso ni oÃr tal idea.
—En vez de una comedia, un sainete —dijo el señor Bertram—. Fracasada Promesas de amantes, lord y lady Ravenshaw han representado Mi abuela[4] ellos solos. Bueno, puede que él se consuele con lo que ella le deja; y quizá, entre amigos, empezaba a temer por su prestigio y sus pulmones en su papel de barón, y no sintió tener que renunciar. Pero para compensarle a usted, Yates, creo que deberÃamos montar un pequeño teatro en Mansfield, y pedirle que sea nuestro director.